Cianotipia de principio a fin: de la emulsión al azul lavado
Plorodata reúne notas de taller sobre cianotipia y otros procesos fotográficos alternativos: cómo se prepara el sensibilizante, cómo responde cada papel, cuánto dura una hoja emulsionada y qué ocurre en el lavado cuando el azul acaba de aparecer.
El proceso es simple de describir y difícil de repetir con exactitud. Dos sales de hierro, un pincel, una hoja seca en oscuridad y una fuente de luz ultravioleta bastan para obtener una copia; a partir de ahí, todo son variables: la humedad del taller en agosto, el encolado del papel, el minuto de más bajo el sol de mediodía. Estas páginas describen esas variables una por una, con el detalle que necesita quien trabaja solo y sin nadie a quien preguntar.
Las dos soluciones y la mezcla del sensibilizante
La fórmula clásica de Herschel se apoya en dos disoluciones acuosas que se guardan por separado y solo se juntan en el momento de emulsionar. La primera es citrato de hierro (III) y amonio verde, unos 25 g en 100 ml de agua destilada. La segunda es ferricianuro potásico, alrededor de 10 g en 100 ml. Ambas se disuelven mejor con agua tibia y algo de paciencia; el citrato verde es higroscópico y conviene pesarlo rápido, porque en un taller húmedo empieza a apelmazarse en cuanto se abre el bote.
Por separado, las soluciones aguantan bien: el ferricianuro puede durar meses en frasco oscuro, y el citrato bastantes semanas si no se contamina. Mezcladas a partes iguales, en cambio, la vida útil se cuenta en días. Por eso lo habitual es preparar solo la cantidad que se va a usar en la sesión: unos 2 ml de mezcla cubren de sobra una hoja A5, y unos 6 ml una A4 con margen de pincel.
La mezcla se hace bajo luz tenue —una bombilla incandescente cálida o luz indirecta de una habitación interior es suficiente— y se deja reposar unos minutos para que se homogenice. Un tono verde oliva sucio es lo normal. Si aparece un precipitado azul en el vaso antes de emulsionar, esa mezcla ya está velada y solo dará copias planas y sin blancos.
Higiene y orden de trabajo
El ferricianuro potásico no es cianuro y no libera gas cianhídrico en uso normal, pero sigue siendo una sal que no debe mezclarse con ácidos fuertes ni ir por el desagüe en cantidad. Guantes de nitrilo, un vaso dedicado a cada solución, un cuentagotas por frasco y una superficie que se pueda limpiar bastan para trabajar con tranquilidad. Los restos de emulsión y las primeras aguas de lavado se recogen aparte en un bidón; el agua de los aclarados posteriores ya sale prácticamente limpia.
Elegir el papel y decidir si hace falta encolarlo
El papel manda más que la fórmula. Lo que se busca es una hoja de fibra estable en agua, con pH neutro o ligeramente ácido y una superficie que retenga la emulsión sin tragársela. Los papeles de acuarela de algodón de 300 g funcionan casi siempre; los de celulosa barata se ablandan y sueltan pelusa en el lavado; los papeles tamponados con carbonato cálcico —muy comunes entre los de conservación— degradan el azul y lo vuelven grisáceo o amarillento en los bordes.
El encolado interno del papel determina cuánto penetra el sensibilizante. Con poco encolado, la emulsión baja hasta el interior de la fibra: los tonos oscuros pierden densidad porque parte del azul queda enterrado bajo la superficie. Con demasiado, la emulsión se queda encima formando charquitos y el pincel resbala. Un papel de acuarela prensado en frío de marca conocida suele traer un encolado suficiente y no necesita nada más.
Cuando el papel es demasiado absorbente, un encolado propio ayuda. Lo más sencillo es una capa fina de gelatina alimentaria (unos 20 g por litro de agua a 40 °C) aplicada con brocha ancha y dejada secar veinticuatro horas; se puede endurecer después con un baño muy diluido de alumbre. La fécula de arroz o el almidón dan un resultado parecido, algo más mate. En ambos casos conviene tratar toda la hoja y no solo la zona de la imagen, para que no se marque el escalón al lavar.
Comprobaciones antes de emulsionar una hoja
- Fibra de algodón o mezcla de buena calidad, sin blanqueantes ópticos declarados.
- Sin tampón alcalino de carbonato cálcico; si el fabricante lo indica, descartar o acidular la hoja.
- Gramaje de 200 g o superior, para que no se ondule sin remedio al mojarse.
- Cara correcta identificada: la textura del lado bueno es la que verá el negativo.
- Prueba previa con una tira de 5 × 10 cm antes de comprometer una hoja grande.
- Hoja seca y a temperatura ambiente, no recién sacada de un armario frío.
Aplicar a pincel y trabajar con la huella de la pincelada
La emulsión se extiende con una brocha ancha y blanda —el hake japonés de pelo de cabra es el más habitual— o con una varilla de vidrio si se quiere un campo perfectamente uniforme. El pincel deja marca, y esa marca forma parte de la copia: el borde irregular con las cerdas visibles es una de las señas del proceso, no un defecto que haya que disimular.
Se trabaja rápido. Se vierte la mezcla en el centro del área, se extiende en horizontal con pasadas continuas, luego en vertical, y se termina con dos o tres pasadas suaves en una sola dirección para peinar el charco. Cuanto más se insiste sobre papel ya mojado, más fibra se levanta y más manchas aparecen después. Si un pincel con virola metálica toca la emulsión demasiado tiempo, puede dejar puntos oscuros: es preferible una brocha con mango de madera y engaste sin metal a la vista.
Marcar antes el rectángulo de imagen a lápiz muy suave, con el papel sobre una superficie plana, evita tener que rectificar cuando ya no se ve nada por falta de luz. Si se busca un borde limpio en lugar del rastro de pincelada, la solución es cinta de carrocero de baja adherencia retirada cuando la hoja está completamente seca.
Secado en oscuridad y vida útil de la hoja
Una hoja emulsionada se seca en oscuridad total, colgada con pinzas de plástico o plana sobre una rejilla, dentro de un armario o de una caja grande. Con aire seco, treinta o cuarenta minutos bastan; en un piso húmedo puede tardar el doble. El secador de pelo en frío acelera el proceso pero también reparte la emulsión hacia los bordes si se acerca demasiado.
La hoja seca está en su mejor momento durante las primeras horas. A partir del segundo o tercer día empieza a perder blancos: la humedad ambiental inicia la reducción del hierro y la copia sale con las luces sucias y menos contraste. Guardadas en una carpeta cerrada, con papel de separación y sílica gel, en un cajón fresco, aguantan bastante más, pero conviene anotar la fecha en el reverso a lápiz y no confiar en la memoria. Es preferible emulsionar poco y a menudo antes que preparar veinte hojas para "cuando haga sol".
Copia por contacto y fotogramas de objetos
La cianotipia no amplía: la copia tiene exactamente el tamaño de lo que se pone encima. De ahí las dos vías de trabajo. La primera es el negativo por contacto, hoy casi siempre un negativo digital impreso con inyección de tinta sobre film transparente. La segunda es el fotograma: hojas, encajes, herramientas, cristales, cualquier objeto apoyado directamente sobre la hoja sensible.
Un negativo digital para cianotipia necesita mucha más densidad que uno pensado para papel de plata, porque el proceso tiene una escala tonal larga y necesita bloquear bien las luces. En la práctica se ajusta con una curva propia: se imprime una escala de grises, se expone, se mide qué zonas se han cerrado y se corrige la curva hasta que el blanco del papel se mantiene y el negro llega a saturarse. Ese ajuste depende de la impresora, de la tinta y del film, así que es un trabajo que cada taller repite una vez y guarda para siempre.
Para el contacto hace falta presión uniforme. Un marco de contacto con muelles es lo cómodo; una tabla, una lámina de vidrio de 3 mm y cuatro pinzas de carpintero funcionan igual de bien. Sin presión, el negativo se separa unas décimas de milímetro del papel y todo el dibujo pierde nitidez. Con objetos de volumen —una piña, un carrete— el vidrio no llega a apoyar y la sombra sale difusa: eso puede ser justo lo que se busca, pero conviene decidirlo antes y no descubrirlo al lavar.
Objetos que se comportan bien en fotograma
- Hojas y flores prensadas y secas, que apoyan plano y no sueltan humedad.
- Gramíneas y umbelas, por la mezcla de líneas finas y masas translúcidas.
- Encajes, gasas y tejidos abiertos, que dan grises intermedios reales.
- Plumas, con su gradación natural entre raquis opaco y barbas casi transparentes.
- Vidrio grabado o texturado, que dibuja con la refracción y no solo con la sombra.
- Recortes de papel y plantillas, útiles para reservar zonas de blanco puro.
Exponer al sol o con lámpara ultravioleta
El sol es la fuente más barata y la menos constante. En la meseta, en julio, hacia mediodía, una hoja bien emulsionada puede estar hecha en cinco u ocho minutos; la misma hoja en Galicia en noviembre, con cielo cubierto, puede necesitar cuarenta. La regla útil no es el reloj sino el color: la emulsión pasa de verde amarillento a un gris azulado apagado y, en las zonas más expuestas, a un bronce con reflejos metálicos. Cuando aparece ese bronce en las sombras del negativo, la exposición está en su punto o algo pasada, que suele ser lo correcto porque el lavado se lleva parte de la densidad.
La lámpara UV cambia el problema por otro más manejable. Un panel de tubos o de led de 365–395 nm a una distancia fija da tiempos repetibles: se anota la altura, se anota el minuto y se puede repetir la copia dentro de un mes. Conviene una caja cerrada o, al menos, no mirar directamente los tubos y proteger la piel de las manos; la exposición prolongada a UVA no es inofensiva aunque no queme de inmediato.
En ambos casos, la tira de prueba resuelve más dudas que cualquier tabla. Se emulsiona una tira, se cubre por tramos con un cartón que se va desplazando cada minuto o cada dos, se lava y se seca. La escala resultante, anotada con las condiciones del día, vale para toda esa hornada de papel y de emulsión.
Variables que conviene anotar en cada sesión
- Papel, gramaje y encolado añadido, si lo hubo.
- Proporción de la mezcla y fecha en que se preparó.
- Fuente de luz, distancia y hora aproximada.
- Cielo despejado, velado o cubierto, y estación del año.
- Tiempo total y aspecto de la emulsión al retirar el marco.
- Temperatura del agua de lavado y duración de cada aclarado.
Lavado y aparición del azul
La cianotipia no se revela con químicos: se revela con agua. La hoja expuesta pasa a una cubeta con agua corriente fría y, en cuanto entra, empieza a soltar el amarillo verdoso de la sal que la luz no ha reducido. Ese primer aclarado es el que decide los blancos, y hay que hacerlo con generosidad: agua abundante, movimiento suave, sin frotar nunca la superficie, porque la emulsión mojada se levanta con una uña.
Lo habitual son tres o cuatro cambios de agua de unos cinco minutos, hasta que el agua sale sin tinte amarillo. Un chorro de vinagre blanco o unas gotas de ácido cítrico en el segundo baño aceleran la limpieza de las luces y dan un azul algo más frío; en cambio, si el agua del grifo es muy dura y alcalina, conviene el aclarado final con agua acidulada para que el azul no pierda cuerpo con el tiempo.
Recién lavada, la copia parece pálida y algo grisácea. El azul de Prusia necesita oxidarse para llegar a su tono definitivo, y eso ocurre solo por contacto con el aire a lo largo de veinticuatro horas. Quien no quiera esperar puede pasar la hoja unos segundos por agua con una cucharada de agua oxigenada de farmacia: el azul aparece de golpe, útil para juzgar una prueba, aunque no aporta nada al resultado final salvo tiempo.
Virar con té y con sosa
El virado en dos pasos cambia el color de la copia sin tocar el dibujo. Primero se blanquea en una disolución muy débil de carbonato sódico —media cucharadita en un litro de agua es más que suficiente— y se vigila sin descuidarse: el azul se va en segundos y, si se pasa, la imagen no vuelve. Se saca cuando aún queda una sombra amarillenta del dibujo y se aclara bien.
Después viene el baño de tanino. Té negro cargado y frío, hojas de nogal, cáscara de granada o un puñado de agallas de roble dan resultados distintos: del marrón cálido al gris violáceo, pasando por sepias fríos. La copia recupera densidad poco a poco, en diez o veinte minutos, y hay que sacarla algo antes de lo que parece necesario porque sigue ganando tono mientras se seca.
Conviene virar con las manos limpias y sobre copias que ya estén completamente lavadas: cualquier resto de sal de hierro se manifiesta en el tanino como manchas irregulares. Y conviene virar por pares, guardando siempre una copia sin virar de la misma tirada, porque el punto exacto del blanqueo se aprende comparando y no leyendo.
Secar, aplanar y conservar las copias
Las copias se secan colgadas por una esquina o planas sobre rejilla, nunca sobre papel de periódico ni sobre superficies que puedan transferir tinta. El papel de algodón mojado se ondula siempre; se aplana después, cuando está seco al tacto, entre dos cartones limpios y con peso encima durante unos días, o con plancha tibia y papel de seda por medio, sin vapor.
Para guardarlas, la regla es contraria a la de casi todo el archivo fotográfico: nada de cartón tamponado con reserva alcalina. El azul de Prusia es estable en medio neutro o levemente ácido y se descompone en medio alcalino, así que las carpetas y paspartús "libres de ácido con tampón" son precisamente los que hay que evitar. Papel barrera neutro sin tampón, fundas de polipropileno o poliéster, y un cajón seco y oscuro son suficientes.
Expuesto a la luz durante mucho tiempo, el azul se apaga ligeramente, y luego se recupera en parte tras unos días de descanso en oscuridad. Es un comportamiento normal del pigmento y no indica que la copia esté fallando. Lo que sí la daña de forma irreversible es la humedad alta continuada, el contacto con productos de limpieza amoniacales y el marco cerrado sin ventilación junto a una pared fría con condensación.
Cuando algo sale mal
Blancos grises casi siempre significan lavado corto o papel tamponado. Manchas azules antes de exponer, emulsión vieja o luz parásita en el secado. Copia plana y sin negro, negativo con poca densidad o exposición corta. Bordes más oscuros que el centro, exceso de emulsión que ha migrado durante el secado con secador. Y una capa que se desprende en escamas al lavar suele ser papel demasiado encolado en superficie, o emulsión aplicada sobre una hoja que aún no estaba seca del encolado.
Secuencia resumida de una copia
- Mezclar las dos soluciones a partes iguales y dejar reposar unos minutos.
- Extender a pincel sobre el papel elegido, con luz tenue.
- Secar en oscuridad total hasta que no quede brillo húmedo.
- Montar el negativo o los objetos bajo vidrio, con presión uniforme.
- Exponer al sol o bajo lámpara UV hasta el viraje a bronce.
- Lavar en varios cambios de agua fría, sin frotar.
- Acidular el último aclarado si el agua es dura.
- Secar al aire y esperar la oxidación completa del azul.
- Virar en dos baños solo si se busca otro color.
- Aplanar con peso y archivar en material neutro sin tampón.
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